Vicente Aleixandre, hablando de Miguel Hernández
Miguel Hernández frente a la Catedral de San Isaac en Leningrado, septiembre de 1937
LAS VOCES Y EL VIENTO
El protagonismo que Miguel Hernández ha adquirido en la sociedad española tiene que ver con su calidad literaria y con su significación histórica. Autor de dos libros que pueden situarse en lo más alto de nuestra lírica, El rayo que no cesa y Cancionero y romancero de ausencias, el poeta demostró un instinto muy notable para utilizar de modo personal las enseñanzas de la tradición clásica, los recursos del género y las huellas de su intimidad más imperiosa convertida en palabras. Pero además, en unos años cruciales de la historia de España, su obra y su condensado itinerario biográfico, adquieren una significación notable para entender los códigos profundos y las transformaciones del país.
La significación histórica a la que me refiero no tiene sólo que ver con su militancia comunista durante la Guerra civil y su calvario en las cárceles sangrientas del primer franquismo. Más decisiva aún para entender los lazos literarios y biográficos con su pueblo, es la compleja evolución que sufrió en los pocos años de vida que le concedieron su destino y una alevosa realidad penitenciaria. Las tensiones y las contradicciones soportadas por Miguel Hernández nos ayudan a comprender el sueño republicano español, que intentó poner los pies en la tierra entre 1931 y 1939.
Se engaña con facilidad quien no conoce la biografía del poeta y utiliza etiquetas simples, pensado que el pastor pobre desemboca de manera natural en la militancia comunista. Miguel Hernández fue cabrero y abandono de niño los estudios no por falta de posibilidades económicas familiares, sino por el desprecio a la cultura que había en muchos pueblos de la España reaccionaria de principios del siglo XX. El padre era dueño de sus propios rebaños, lo cual no suponía poco en la época. Pero también era vecino de Orihuela, una ciudad entonces muy tradicionalista, marcada por las torres de las iglesias y por un ruralismo clerical desconfiado de los peligros de la educación. El país que intentaron cambiar las Misiones Pedagógicas de la II República, confiadas en el papel transformador de la cultura, tiene mucho que ver con el modo de vida de un campesinado miserable, sumiso a las lecciones de los sacerdotes. Se intentó sustituir el púlpito por las pizarras de las escuelas.
Desde su nacimiento hasta el año 1935, el poeta vivió, participó y cantó con fervor el catolicismo militante. La imagen del poeta cabrero que empezó a difundirse poco antes de la aparición en 1933 de su primer libro, Perito en lunas (1933), respondía a una calculada estrategia de promoción personal. Representaba al pobre humilde, limpio, no manchado por las contaminaciones de la civilización urbana y la política. Y, sin embargo, el poeta se presentaba al mismo tiempo como perito en lunas, como alguien que quería doctorarse en su oficio, y para ello necesitaba aprender las lecciones poéticas de la metáfora deshumanizada, Ortega y Gasset y el gongorismo de la generación de ’27. Arraigado al terruño más tradicionalista, procuraba conocer lo que ocurría en la modernidad literaria de su época.
Su segundo libro fue un auto sacramental, Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras (1934), escrito para llevarle la contraria a Rafael Alberti, que unos años antes había puesto en escena El hombre deshabitado. Si Rafael exponía la crisis del sujeto moderno, Miguel Hernández defendía la fe en Dios y la necesidad de evitar las tentaciones de los sentidos. Todavía en 1935, en la revista El Gallo Crisis, dirigida por su íntimo amigo, el católico de tendencia fascista Ramón Sijé, publica un “Silbo de afirmación de aldea”, en el que defiende la pureza del ruralismo católico frente a una ciudad en la que todos los hombres son homosexuales y todas las mujeres prostitutas.
Su traslado a Madrid, y la amistad con Pablo Neruda, Vicente Aleixandre y Raúl González Tuñón, posibilitaron una evolución repentina. El vestido de pastor católico acabó en el guardarropa para dejar sitio al mono del obrero proletario que quiso tomar conciencia, al margen de los sacrificios divinos, de las causas reales de su pobreza. Pero las contradicciones seguían existiendo. Los lectores de El rayo que no cesa (1936), como advirtió Juan Ramón Jiménez desde las páginas de El Sol, pudieron disfrutar con un libro lleno de belleza y sensualidad mediterránea, endecasílabos con naranjas, limones, huertos y brisas. Al mismo tiempo, en la España republicana de la emancipación de la mujer, del derecho al divorcio y al voto femenino, el poeta canta un modelo de enamorada rural, que se muere de casta y se descompone si su pretendiente se atreve a darle un beso en la mejilla. Este libro tampoco queda al margen de las contradicciones españolas y de la realidad que quería cambiar la República. Pensemos que sus versos se escribieron en la España de María Teresa León, María Zambrano y Maruja Mallo.
El poeta evolucionaba, se transformaba al ritmo de los vientos históricos, quería alejarse del ruralismo reaccionario y buscaba su voz en otro horizonte. Con la misma entrega que antes se había acercado a la Iglesia, necesitó convertirse en el poeta comunista. Si admitimos que 1937 fue el único año feliz en la vida de Miguel Hernández, comprenderemos la dureza de su existencia. Un año de Guerra civil, de dolor y de cañones, pero también el año en el que se casó con su novia, cumplió su deseo de paternidad (la mujer era identificada en su cultura con el parto y el vientre femenino con la sementera) y fue reconocido públicamente como poeta al ser publicado Viento del pueblo por el Socorro Rojo. La voz de poeta se sintió enraizada entre fusiles.
La guerra, con sus alegatos urgentes, no es buen tiempo para la poesía contemporánea, necesitada siempre del matiz y la sutileza. Pero la calidad literaria de Miguel Hernández le permitió entrar en el grupo de poetas capaces de escribir buenos poemas de guerra, junto a Antonio Machado y Rafael Alberti. El hombre acecha (1939) contiene una composición, “Llamo a los poetas”, que representa un alegato lírico a favor de la verdad humana, de la palabra limpia y vital, más allá de las metáforas puristas y de las consignas retóricas. Aunque parezca contradictoria, su proceso de depuración lírica hubiera resultado imposible sin las demandas de un nuevo compromiso político.
Ese deseo de difícil transparencia sostiene la obra cumbre de Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias, completada en la cárcel franquista. La tradición neopopular, tan utilizada por Juan Ramón y por García Lorca, adquiere un tono personal, una indagación íntima, cotidiana, que se aparta del folklore y del ruralismo. Es el testimonio de un poeta que abandona el tono bélico y apuesta, contra las tristes guerras, a favor del amor y la dignidad humana. Esa misma dignidad fue la que asumió para rechazar los favores de sus carceleros a cambio de manifestar un acercamiento público al franquismo y a la Iglesia. El muchacho católico se había convertido en el símbolo de la resistencia española contra la barbarie. Murió en 1942, a los treinta y dos años, abandonado por las autoridades a la lenta ejecución de una tuberculosis. Su poesía era ya muy alta. Su figura, un ejemplo de la transformación del país interrumpida por la guerra y de la ética de una resistencia que luchó durante cuarenta años contra la dictadura.
En Jaén, 1937
ETERNA SOMBRA
Miguel Hernández
Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.
Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.
Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.
Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad del rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.
Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.
Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.
Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.
Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.
Soy una abierta ventana que escucha.
por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.
Fotografía del carnet de presidiario de Miguel Hernández
SONETO FINAL
Miguel Hernández
Por desplumar arcángeles glaciales,
la nevada lilial de esbeltos dientes
es condenada al llanto de las fuentes
y al desconsuelo de los manantiales.
Por difundir su alma en los metales,
por dar el fuego al hierro sus orientes,
al dolor de los yunques inclementes
lo arrastran los herreros torrenciales.
Al doloroso trato de la espina,
al fatal desaliento de la rosa
y a la acción corrosiva de la muerte
arrojado me veo, y tanta ruina
no es por otra desgracia ni por otra cosa
que por quererte y sólo por quererte.
CANCIÓN ÚLTIMA
Miguel Hernández
Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.
Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa
con su ruidosa cama.
Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.
El odio se amortigua
detrás de la ventana.
Será la garra suave.
Dejadme la esperanza.
Notas de la estructura del poema “Llegó con tres heridas...”
LLEGÓ CON TRES HERIDAS
Miguel Hernández
Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.
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ÁGORA Núm. 19 Especial Monográfico 2ª Parte
MIGUEL HERNÁNDEZ
Boletín digital 4 de mayo 2010















13 comentarios:
Miguel Hernández es uno de los poetas más generosos y combatientes de la generación del 27.Arrinconado, en un principio, por la progresía poética han tenido que pasar los años para que su figura poética se haya agigantado.
Te dejo esta maravilla:
"He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hasta mí dando saltos
de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.
Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano.
Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos,
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
Canción del Soldado Esposo
De "Viento del pueblo" 1936-1937
Saludos
Gracias Felipe por este poema de Miguel Hernández. Cuando él habla, ya no quedan palabras...
... me aplico en la escucha.
Un abrazo.
Siempre me sienta bien leer estos poemas de Miguel Hernández..
Un abrazo fuerte Susan, gracias por compartir esta entrada.
:-)
Gracias a ti, Dorian:
Por visitar el blog y dejarme tu comentario y tu saludo.
Un abrazo fuerte :-)
Excelente, completísimo Miguel Hernández.
Meritorio homenaje a Miguel, Susan!
Es cierto que en " Cancionero y romancero de ausencias" y en " El rayo que no cesa ",se perciben las huellas de su interioridad .
Es elocuente el retrato de Orihuela sembrada de un ruralismo clerical rígido, desconfiando de los peligros e " influencias de la educación"
Elocuente y significativo...
Genera respeto y admiración su calidad literaria y su integridad :en gestos tan notables como el de negarse a aceptar los favores de sus carceleros.
Continuamos , a través del tiempo, desgranando sus endecasílabos con sabor a naranjos, limones , huertos y brisas.
Nos sigue mostrando el camino : a favor del amor , la justicia y la dignidad humana.
Y también a favor de la ¡esperanza!!
"Soy una abierta ventana que escucha
por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida."
Miguel es el rayo de sol que vence las sombras!!
Abrazos , Susan!!!
Excelente entrada Susan como siempre.
Terminando de leer la nota y ver el poder las palabras de Hernandez, no dejo de sentirme tan pequeño y algo fascinado, creo que eso es bueno,
De enciclopedia lo tuyo Susan,
Buen finde,!
Estoy con poco tiempo, por ahora solo lei este y esta muy bueno, cuando tenga mas tiempo me leo mas, muy bueno el blog por cierto.
Saludos
Hola Susan gracias por compartir tan excelente post. Un poeta como pocos. Me encantó conocer más de su historia. Un abrazo- Graciela boticaria.
Muchísimas gracias por los comentarios a Jesús Garrido, Carmela, Adrián, Mateo y Grace.
Un cariñoso saludo para todos.
Ah, se me olvidaba, recomiendo que descarguéis la revista Ágora para leer con mayor comodidad; tiene contenidos hernandianos muy buenos.
Dejo estos dos enlaces:
http://issuu.com/agoralarevistadeltaller/docs/_gora_19-2__parte-boletin_4
http://www.mediafire.com/?lktm0mtm2nn
Buena lectura, saludos.
Excelente el artículo de García Montero, que interpreta muy bien no sólo la obra de Hernández, sino también la interrelación entre ésta y su biografía, su evolución desde posiciones conservadoras hacia las más progresistas de la época. La obra de Miguel Hernández es un monumento todavía muy desconocido, que en los últimos meses, gracias a las celebraciones, se ha ido divulgando. Tú contribuyes muy eficazmente a ello, y eso merece mi sincero reconocimiento como admirador, desde siempre (o, al menos, desde que lo descubrí en mi adolescencia... y a medias) del poeta de Orihuela.
Un abrazo.
Hola Albert, el artículo de Luis García Montero lo elegí por su claridad (me gusta como escribe este autor granadino); de manera que cualquier persona que lo lea se haga una idea bastante atinada sobre Miguel Hernández y también de aquella España que le tocó vivir. Su evolución que camina en paralelo en lo biográfico y lo poético. Su valiente apuesta política sirve de aliento para los que ahora leemos su poesía. Una poesía de altura, que ya es universal.
Es cierto lo que escribes, la obra hernandiana es un monumento todavía muy desconocido. El tiempo juega a su favor, cualquiera que se acerque a su poesía, quedará prendado; pero hay que hacerlo, y con esta entrada pretendo que se lean sus poemas.
Tus aportaciones son una alegría para mí.
Un abrazo.
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