martes, 23 de noviembre de 2010

Donald Hall recuerda a su mujer Jane Kenyon. 'Morir es simple'

 Donald Hall y Jane Kenyon

Donald Hall (1928)

IN MEMORIAN JANE KENYON

Versión y nota de Hilario Barrero

     Estos poemas de Donald Hall (1928) narran, de manera descarnada y dura, la pasión y muerte de su mujer, la poeta Jane Kenyon, que a los 52 años murió de cáncer. Dos años después de su muerte Hall, el poeta y el marido (y, a veces, el enfermero), publicó “Without”, que dedicó a su mujer (“In memoriam. Jane Kenyon. 1947-1995”). Estos poemas tienen como argumento principal el dolor por la muerte, el amor y la compasión. Poesía violenta y agresiva, donde la terminología médica es parte del ornamento estético y metafórico. Por “Without” pasan médicos, enfermeras, familiares, ministros, religiosos, amigos y vecinos que hicieron todo lo posible por salvar la vida de Kenyon. Y pasa y queda la presencia de su marido, “que se sentó a su lado mientras jane vivía y que después se sentó en la casa de ellos solo con su dolor, self-pity y furia”.
     Los poemas traducidos pertenecen a “Her long illness” y “Last days”, dos secciones que se intercalan a intervalos con una continuidad argumental entre otros poemas escritos en presente, en su mayoría epistolares: “Carta en el día de la Independencia”, “Carta desde Washington”, “Carta en el año nuevo”,  “Carta en Navidad”, etcétera.
     La intensidad, el dolor, la rabia, la falta de metáforas, el lenguaje áspero, la monotonía estrófica hacen de estos poemas un documento excepcional.

 WITHOUT: POEMS (1998) 
  Donald Hall
SU LARGA ENFERMEDAD
        Desde el aurora hasta el anochecer
 permanecía al lado de su mujer en el hospital
         mientras la quimioterapia goteaba
 a través de un catéter en su corazón.
        Bebía café y leía
el Globe. Caminaba de un lado a otro,
        trabajaba en poemas, frotaba la espalda de ella
y leía en voz alta. Vencidos de temor
        lloraban y afirmaban
su mutuo amor, tontamente,
        una y otra vez.
Cuando una mañana nevó, Jane miró
        a la oscuridad borrosa
de copos. Empujaron lentamente la bomba de IV,
        a la que él llamaba Igor,
más allá de la cabina de las enfermeras
        hasta la puerta exterior
para que ella pudiera oler el aire nevado.

**

     REVOLOTEABA ALREDEDOR de la cama de Jane
solícito: “¿Qué puedo hacer?”
        Hubiera sido insoportable,
mientras ella sufría sus privados dolores,
        ver la cara de preocupación de él,
asomándose  sobre ella, siempre ansioso de hacer
        algo cuando no había
en realidad que hacer. En su interior,
        un niño de cuatro años,
sabía que si era bueno, cuidadoso,
        considerado, sin tacha,
perfecto, ella no le abandonaría.

**


        SE DESPERTÓ a las cinco de la mañana,
hizo café, tragó pastillas, se inyectó insulina,
        se afeitó, puso
en el bolso el chándal de Jane que había lavado
        por la noche, llenó los termos,
salió del apartamento en Spring Street
        y caminó una calle y media
hasta el piso del cáncer de médula del hospital.
        Esperando el cambio del semáforo
para cruzar la avenida imaginó, brevemente,
        que se arrojaba enfrente
de ese autobús. Él sabía que no lo haría.

**


        POR TODA la casa
encontraron recuerdos de la ausencia de Polly:
        una boina rosa de lana,
sus revistas de labores y modas,
        ropas que ella hizo
y The Golden Blow  sin terminar de leer
        con la tarjeta que ellos enviaron en noviembre
marcando la página a mitad del libro.

***

Donald Hall (library.unh.edu)
 
        ÚLTIMOS DÍAS

        Ya en casa aquella tarde
tiraron a la basura las medicinas.
        Jane vomitó. Él gimió
mientras ella permanecía sin llorar, silenciosa
        intentando dejar irse. Por la noche
tomó el teléfono para hacer
        llamadas que introdujeron
al horror en que vivían a un niño o a un amigo.

**


        A LA MAÑANA siguiente
trabajaron seleccionando entre sus poemas
        para Otherwise, eligieron
himnos para su funeral y sugirieron el uno
        al otro palabras mientras escribían
y revisaban su obituario. Al día siguiente,
        con más trabajo por hacer
en su libro, vio cuán débil ella se sentía
        y sugirió que quizá no ahora,
tal vez luego. Jane movió la cabeza y dijo: “Ahora,
        tenemos que terminarlo ahora”.
Más tarde, mientras se deslizaba exhausta hacía el sueño
        dijo: ¿no fue divertido
trabajar juntos, acaso no lo fue?

**


        HABLARON DE sus aventuras,
de cuando condujeron por toda Inglaterra
        recién casados
y de sus excursiones a China y a la India.
        También recordaron
días ordinarios: en el estanque los veranos
        trabajando juntos en sus poemas,
paseando al perro y leyendo a Chejov
        en voz alta. Cuando él elogió
miles de citas vespertinas
        que los llevaron
al deleite y al reposo en esta cama pintada,
        Jane estalló en llanto
y gritó: “¡No más follar, no más follar!”.

**


        “MORIR ES simple”, dijo ella,
“lo peor es… la separación”.
        Cuando ya no pudo hablar
se tumbaron juntos los dos, tocándose,
        y ella fijó en él
sus grandes, hermosos, redondos ojos marrones,
        brillando sin pestañear,
y ardientes de amor y espanto.

***

Jane Kenyon
   Hilario Barrero, escritor y traductor español (Toledo 1948) vive en Nueva York desde 1978. Es doctor por la Universidad de la ciudad de Nueva York. Ha enseñado español en la Universidad de Princeton y en la actualidad es Profesor titular en BMCC, (CUNY). Ha traducido a Robert Frost, Ted Kooser, Donald Hall y otros poetas norteamericanos. Es autor de Siete sonetos (Imprenta Ebora, 1976), In tempore belli (Premio de poesía Gastón Baquero, 1999), Las estaciones del día (Llibros del Pexe, 2003), De amores y temores (Llibros del Pexe, 2005), Días de Brooklyn, (Llibros del Pexe, 2007), Dirección Brooklyn (Universos, 2009) y De otra manera, una antología bilingüe con poemas de Jane Kenyon (Pre-textos, 2007). Es colaborador de “Clarín” y sus poemas han aparecido en  Aldonza, Hélice, Hueso Húmero, Poesía española, Reloj de arena, Revistatlántica y Turia.

Puedo adelantar que la editorial Pre-textos publicará pronto una antología del poeta Donald Hall. Espero que no se demoren.

Un cordial saludo.

3 comentarios:

Graciela dijo...

Cuánto amor puesto de manifiesto en estos magníficos poemas...muy lindo, muy interesante, muy bien hecho. Susan gracias por compartir este post, un placer leerlo como siempre. Una vez más te felicito, pasear por tu blog me resulta más que placentero. Un abrazo-Graciela boticaria :-)

Susan dijo...

Me alegra que leer sea placentero, pero lo que más me alegra es que se lea.
Gracias por todo Grace, un beso.

Carmela dijo...

Una conmovedora historia de amor .
Justamente ...cuando existe amor verdadero ... se actúa y se siente así.
La impotencia , el desborde de la pena ... sabiendo que nada se puede remediar ... el estar ... a pesar del miedo , del espanto ... de las ganas de huir.
El permanecer y compartir con ella esa imagen de los copos de nieve ...
Todas demostraciones de un magnífico afecto...
Y los recuerdos , después , al encontrar sus huellas en las cosas que habían pertenecido a Jane...
Donald Hall: una sensibilidad singular y una grandeza notable.
"Morir es simple ...
Lo peor es la separación.."
Así es .La separación que impone la muerte no es simple cuando se ama con intensidad.
Bello artículo, Susan!
Un placer leerlo porque nos conecta con la nobleza del sufrir y del amar!
Besos.